Muchos creen que la ayuda se mide en cosas materiales: alimentos, medicamentos, ropa. Pero en Fundación PABS hemos descubierto que, a veces, el mayor regalo que puedes ofrecer es simplemente estar ahí. Escuchar, mirar a los ojos, compartir silencio. Porque cuando las palabras no alcanzan, la presencia lo dice todo. Hoy queremos contarte cómo el simple acto de escuchar se ha convertido en uno de los pilares más poderosos de nuestra labor.
La soledad como enemigo silencioso
En hospitales, casas hogar o comunidades rurales, encontramos una realidad común: la soledad. Muchas personas, sobre todo adultos mayores, viven aislados, sin familia cerca, sin alguien con quien conversar. Para ellos, recibir una despensa es importante, pero aún más lo es saber que a alguien le importa su historia.
Uno de nuestros voluntarios dice:
“A veces solo quieren hablar. Necesitan que alguien los escuche sin prisas.”
Ese tiempo compartido no cuesta nada, pero lo vale todo.
Presencia que sana
En visitas a hospitales, Fundación PABS ha presenciado momentos de profunda vulnerabilidad. Personas que llevan días sin recibir una visita, que se sienten invisibles en medio de su dolor. Voluntarios como Rocío Camacho, gerente de Ixtlahuaca, cuentan cómo se sientan al lado de las camas, toman las manos de los pacientes y simplemente escuchan.
No siempre hay soluciones mágicas. Pero compartir el momento les devuelve un poco de humanidad y dignidad.
Escuchar para conocer necesidades reales
Además de la dimensión emocional, escuchar tiene un valor práctico. Muchas veces, solo conversando es posible detectar necesidades que de otro modo pasarían desapercibidas: un medicamento que falta, un trámite pendiente, un familiar al que contactar. Fundación PABS basa su ayuda en esas conversaciones, para que cada apoyo sea realmente útil.
Un acto que también transforma al voluntario
Ayudar escuchando no solo transforma al beneficiario. También transforma a quien lo hace. Voluntarios cuentan cómo sus propias prioridades cambian después de pasar tiempo escuchando historias de vida llenas de esfuerzo, dolor y también de esperanza.
Escuchar conecta, humaniza y nos recuerda que todos, en algún momento, podemos necesitar ser escuchados.
Testimonio real
Doña Isabel, de 79 años, comparte:
“Nadie venía a verme al hospital. Estaba triste, sentía que no importaba. Hasta que llegaron ustedes. Me escucharon. Me hicieron sentir que todavía valgo.”
Palabras sencillas, pero que resumen la esencia de Fundación PABS: ayudar de corazón, incluso cuando no se da nada material.
En Fundación PABS, hemos aprendido que escuchar es tan importante como entregar ayuda física. Porque a veces, el corazón necesita más que el estómago. Estar presentes, con atención sincera, es un acto de amor profundo y uno de los regalos más valiosos que podemos ofrecer. Y aunque no siempre se vea, deja una huella que permanece.
Ayudar es escuchar. Y en eso, todos podemos ser voluntarios.